jueves, 12 de julio de 2012

El escritor y sus motivaciones



Ha pasado tiempo desde la última vez. Demasiado. Cuanto ha sufrido mi alma enclaustrada durante estos meses. Ya no hay inspiración, las excusas para escribir se han ido. Excusas contradictorias, pues me permiten decir porqué no he publicado nada. ¿Qué más queda, sino, escribir disculpas? Mis sinceras palabras de arrepentimiento pueden servir como bálsamo para aliviar las heridas; una promesa que sé que no será cumplida (la de publicar más seguido, quizás un par de veces durante la semana), contará como una suave venda. Espero volver a encontrar a todos mis fans -si es que alguna vez tuve alguno-, reencontrarme con ellos y demostrarles que la espera no ha sido en vano.


Espero no defraudar, espero mostrar signos de mejoría. ¿Cómo se puede evaluar a un escritor? Difícil tarea les dejo a todos ustedes, anónimos visitantes. Adelantaré una pequeña conclusión: Un escrito llama la atención a las personas de diversas maneras. La primera, quizás la más obvia, es su novedad, su creatividad, la habilidad innata para despertar la imaginación, para depositar a los lectores en una nave llena de sueños y transportarlos al mundo de la fantasía. Los elfos, ents, centauros y druidas que pululan en el mundo de Tolkien, o las fantásticas criaturas y cuentos de las crónicas de Narnia, son un buen ejemplo. Creo que mi mente, perturbada ya de tanto compromiso con la objetividad -objetividad histórica, de atenerse a los hechos, a las cosas que han ocurrido-, y mi deseo mil veces frustrado de entender la realidad misma, me impiden un tanto cumplir con ese objetivo. ¡Idiotas cadenas, algún día las romperé de pura rabia con golpes de mi lápiz pasta negro!

La segunda manera en cómo un escrito llama la atención de las personas, creo que tiene que ser un poco más complicado de explicar. ¿O quizás, es que sólo a mí se me hace difícil de entender? Deliberar con una obra escrita, sentir claramente como las letras apuñalan tu corazón, te hacen hervir la sangre, te producen algo inexplicable en las entrañas ¡Por favor, no me hagan leer otra "ñ", pues me asfixian lentamente! Una película puede hacerte sentir cosas extremas, una serie igual, ¿cuántos de nosotros no han deseado que Máximo se convierta, en vez de Cómodo, en el emperador de Roma, en la película Gladiador? ¿Cuántos otros otakus no ha soñado con ver a Naruto recibiendo los honores de Hokage? ¿Y quizás cuantos amoríos imposibles han logrado, en las pantallas, cautivar a millares de personas? Un escrito no puede ser distinto. La imaginación tiene que hacer su buen poco, pero nadie deja de sentirse ajeno a los dolores y alegrías de los personajes.

La última conclusión que puedo ofrecer, a veces suena contradictoria en relación con la primera. Se refieres pura y exclusivamente a lo cotidiano. Sí, así es, a lo común, a lo mundano. Millares de obras llaman la atención por lo infinitamente cercano que sentimos a los personajes. Podemos ser nosotros mismos, nuestros amigos. El Macondo de Gabriel García Marquéz, pese a lo exagerado que se presenta en el libro, presenta todos los rasgos de realismo. Lo mágico y lo sobrenatural, en ese mundo ficticio, parece de lo más normal. Asimismo, en las novelas de romances, los personajes sienten como nosotros, experimentan lo mismo que una persona corriente. Las sociedades más fantásticas, presentan muchos rasgos comunes a nuestras sociedades. Por eso entendemos lo que en un libro aparece. Por eso nos emocionamos. Por eso nos llaman la atención. Los problemas que se solucionan en otros mundos son los problemas que tenemos diariamente, por eso las sociedades utópicas no son cosas inentendibles. Los lugares más fantásticos los comprendemos al compararlos con los lugares ya conocidos; las criaturas extrañas las entendemos en su similitud con animales vivos. No deja de llamar la atención, por ejemplo, que muchas criaturas míticas tengan la mitad del cuerpo de un humano y la otra mitad de un animal.

¿Eso nos hace decir, entonces, que las obras literarias no tienen ninguna originalidad, porque están construidas con moldes ya conocidos? La verdad no creo que sea así; cada nueva historia es nueva, puede parecerse a otra, pero no es la misma. La originalidad está en el hecho mismo de que exista, que sea diferente a otra, que lleven distintos títulos o que sus personajes tienen diferentes nombres. En fin, una obra es, en sí misma, un producto original. Muchas telenovelas que aparecen hoy en día son una reedición de telenovelas viejas -o dan esa impresión-. Muchas obras escritas se parecen a algo ya existente. Algunas pocas son novedosas, creativas, espectaculares. Se convierten en clásicos y, a menudo, fundan nuevas tendencias, nuevos géneros, nuevas formas de narrar. Esta última razón no la he incluido junto a las demás porque no creo que sea necesaria para que una obra llame la atención de quién la lee; muchas buenas obras no tienen nada parecido a ser "algo nunca antes visto". Creo, más bien, que sirve para entender qué son los clásicos, las obras recordadas, las que trascienden el tiempo y superan la prueba de la memoria. Seguramente hay más, pero dejémoslo hasta aquí.

En fin, para concluir, deseo mostrar mi deseo por cumplir con la originalidad apenas pueda, en el momento en que algo brillante de pura novedad, aparezca en mi mente. Ese es el motivo por el que no he escrito mucho últimamente. Pero, cuando reflexioné mejor, creí haberme dado cuenta que lo primero es intentar cumplir con los primeros tres requisitos que he enumerado. De esos tres "requisitos" para llamar la atención. Ustedes verán si cumplo. Ustedes evaluarán mi desempeño y me dirán si he mejorado.


Un gusto, y hasta luego.

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