domingo, 28 de agosto de 2011

Diario de los sueños olvidados


Día 1.

Anoche me dormí con las lágrimas tapando la realidad, en un inútil intento de olvidar. Me dormí cansado y con sueño, y en mi mente aparecieron imágenes que no puedo recordar. Eran imágenes que me decían muchas cosas: cómo soy yo, porqué hice eso, qué debo hacer ahora. Me la he pasado todo el día meditando somnoliento y con los ojos abiertos acerca de un sueño que no puedo recordar. En la noche me acosté, pero esta vez sin sollozos, e intentando torcer al destino para volver a soñar lo mismo que el día anterior.

Día 2.
Anoche volví a tener el mismo sueño que no puedo recordar. Pero ahora se me hace más claro. Quizás, no debería recordarlo, o no puedo, o no quiero, o no debo… o no me dejan. Me paso todo el día intentando rememorar, siempre sin éxito y abandonando toda esperanza de poder llegar a sentir de nuevo ese cálido ardor al despertar.

Día 3.
Esta mañana volví a sentir ese cálido ardor, y no puedo entender porqué se produce. ¿Será verdaderamente un sueño? Hoy he tenido la sensación de haber vivido cosas que ya he hecho, sin saber cuándo, ni cómo, ni porque lo sé. Y tengo también la impresión que precisamente he hecho lo que mis sueños gritan que no haga ¿Es solo que me cuestiono cosas incuestionables? Mi mañana ya no es temprano y mi tarde se hace oscura. Es un día que pasa sin nada particular, pero muy rápido. Espero esta noche comprender para qué quiero volver a tener esta sensación por las mañanas.

Día 4.
Anoche creo que he tenido el mismo sueño que en otra ocasión. ¿Siempre duermo pensando en cosas similares? Me he dado cuenta que esta advertencia onírica y reiterativa, de la que no me puedo acordar, no debe ser necesariamente la misma cada noche. Pero aún así, no puedo decir que no me despierto todos los días con la conocida extraña presión oprimiendo en silencio mi pecho. Sin dudarlo lo olvido, sin pensarlo lo quiero recordar. ¿Qué será aquello que he olvidado? , ¿acaso será cómo poder vivir como humano? Llego a mi casa sin ninguna expectativa; ya no sé qué soñaré, ni quiero saberlo, solo sé que mañana abriré mis ojos de la misma forma que hoy.

Día 5.
Temprano, me he vuelto a despertar con el mismo dolor en el pecho. ¿Dolor? ¡Sí! Creo que hoy recién me vine a dar cuenta que me dolía. Y cuando toqué mis ojos, entendí porqué también sufría al abrirlos: Lagañas duras como piedras me indican que estuve llorando. ¿En serio? Pues ninguna otra opción me queda para pensar. Simplemente, esta sensación que oprime mi pecho y que hace que me duela, también desata el llanto. ¿Cómo será el lagrimeo de un idiota que duerme pensando en cosas que no puede recordar? ¿Me veré como un niño suplicando esconderse entre las faldas de su madre? ¿O acaso grito nombres de mujeres desconocidos, que a veces aparecen en mi recuerdo sin explicar su procedencia? Creo que recién comprendo para qué me lavo la cara todos los días antes de ir al trabajo. Pero mi día ocurre sin nada digno de mención y, finalmente, siempre vuelvo a mi casa a dormir y a olvidar.

Día 6.
Hoy he vuelto a olvidar todas esas cosas que me hacen sentir tantas otras cosas. Estoy seguro que es algo que necesito saber. ¿Puede ser la respuesta a mis problemas? Mañana quizás lo sepa. Pero hoy… hoy tengo una cita con otra mujer desconocida, y a dormir en una cama que no se me hace para nada familiar.

Día 7.
Me despierto en los brazos de una mujer sin nombre, apretado mi pecho contra su suave piel. Pero aún así me duele, y a mis ojos les cuesta abrirse. Todo esto me indica que nuevamente ha aparecido frente a mí ese recuerdo que se desvanece, acechándome como fantasma entre las sombras, por las noches. El dolor de cabeza y las botellas regadas por el piso dificultan aún más que me levante; pero ella sueña tranquilamente, casi sin respirar, y me abraza sin dejarme escapar. Finalmente cuando logro llegar a mi casa recuerdo que es domingo, así que paso toda la tarde pensando. Estos sueños me revelan cosas muy importantes; pero no puedo seguir así. ¿Acaso lo que me revelan es que debo intentan encontrar qué cosas me dicen, en vez de intentan recordar? Pues, más fácil se me hace descubrir yo sólo cosas valiosas, que escarbar en los ficheros amontonados y desordenados de mi memoria, para buscar un archivo que quizás ya he tirado a la basura. Debo pensar y encontrar todas estas respuestas. Sin duda ese es el mensaje que me entregan estos sueños. Pero recuerdo claramente la débil voz de la mujer sin nombre de anoche, y me acuesto a llorar hasta muy tarde por mi error al dejarla sola nuevamente, y pronto me quedo dormido sin darme cuenta, entre sollozos, como un bebé que busca incansablemente las faldas de su madre, gritando nombres de mujeres desconocidas que pueblan mi memoria.

Día 8.
Anoche soñé cosas que no puedo recordar. ¿Debo tratar de recordarlas? ¿O es que acaso soy un estúpido por plantearme todos los lunes la misma pregunta? Quizás, debería concentrarme en mi trabajo, y aceptar, con la cabeza gacha, que mañana tendré el mismo sueño, un sueño –¿o pesadilla?– que me quita las ganas de dormir, que me recuerda todos los errores que he cometido, y que, sin embargo, conscientemente intento, con éxito, olvidar por completo todas las mañanas.

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